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Así como no se han podido encontrar testimonios gráficos del telégrafo de Betancourt, sí existen grabados de un telégrafo que estuvo funcionando en la bahía de Cádiz en 1805 y que, al parecer, se mantuvo hasta 1820.   Debido a una iniciativa personal del Capitán General de Andalucía, General Solano, el Teniente Coronel de Ingenieros don Francisco Hurtado ideó un sistema telegráfico con el que establecieron, en 1805, cuatro líneas que, partiendo de Cádiz, terminaban en Sanlúcar de Barrameda, Medina Sidonia, Chiclana y Jerez. Incluso, durante algún tiempo, la línea de Jerez se prolongó hasta Sevilla.  

Durante la Guerra de la Independencia, sitiado Cádiz, se mantuvo, sin embargo, en funcionamiento la línea Cádiz-Torregorda –Santi Petri..  

El sistema ideado por el Teniente Coronel Hurtado era original, del tipo semafórico, y conseguía, mediante 24 combinaciones, obtener las cinco vocales, quince consonantes y cuatro combinaciones de servicio. Además, mediante una de las combinaciones de servicio podía cambiar el significado de las 20 letras en números (anticipándose a lo que, casi un siglo después, se denominaría la inversión telegráfica y se emplearía en los teleimpresores).  

La máquina del telégrafo era, simplemente, un asta y dos paletas que podían girar en un plano vertical, movidas por medio de poleas, para adoptar las combinaciones del código. La figura adjunta corresponde al dibujo hecho muy posteriormente para incluirlo en un Estudio Histórico del Cuerpo de Ingenieros del Ejército publicado en 1911.

Como en los demás sistemas ópticos, el procedimiento alfabético resultaba demasiado lento y, también aquí, se adoptó un código o repertorio cifrado de frases y expresiones más usuales. El diccionario correspondiente contenía predominantemente expresiones militares pero, si era necesario, se podía construir cualquier frase pasando al procedimiento de letra a letra.  

El código se componía de grupos de tres señales, pero en ellas no se admitía la repetición de ninguna señal, ni podían intervenir las cuatro combinaciones de servicio. El total de grupos útiles de tres señales era de 812.  

El material de cada estación se reducía a la máquina, un anteojo, un reloj y los códigos. El personal necesario era militar, del Cuerpo de Ingenieros, y se reducía a dos técnicos o vigías y tres auxiliares o sirvientes. Los vigías eran los encargados de la preparación de los avisos, cifrándolos de acuerdo con los diccionarios, variando su redacción, sin alterar el concepto, si era necesario para el cifrado. Los sirvientes se encargaban de manejar la máquina uno de ellos, otro de correr los avisos al punto inmediato, cuando la niebla o alguna avería impedía la transmisión, y el tercero era el ranchero.

Este sistema telegráfico de la bahía de Cádiz se mantuvo, en alguna de sus líneas, hasta 1820. Su incidencia en la vida civil no fue muy grande, aun cuando debió prestar servicios militares importantes, si se tiene en cuenta que su vida cubre la época en la que tuvieron lugar en la zona acontecimientos tan resonantes como la batalla de Trafalgar, el sitio de Cádiz por las tropas napoleónicas  y los levantamientos constitucionalistas de Riego.  

No obstante su escaso relieve civil, parece que su sistema había sido identificado por muchos españoles de la época como el telégrafo, como lo prueba el haberlo utilizado como símbolo en su cabecera el periódico del mismo título que se publicaba en Madrid en 1822.

En las historias de los telégrafos militares se recoge un informe, de una fuente francesa contemporánea de la guerra de la Independencia, que dice que el ejército español también empleaba en ella los telégrafos. Aunque la referencia es ambigua, pudiendo aplicarse tanto a un sistema telegráfico formal como a simpleas señales de hogueras y humos, se conoce que hubo intentos individuales de militares que, aportando su inciativa personal, diseñaron sistemas telegráficos de moderna concepción y no puede descartarse que se emplearan esporádicamente algunos de ellos.

Existe constancia documental de que la expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis tenían una brigada telegráfica militar con telégrafos portátiles y, en agosto de 1823, quisieron establecer una línea óptica Madrid-Aranjuez instalando dos de sus estaciones en el Observatorio Astronómico de El Retiro y en el Cerro de los Angeles, respectivamente.

Hubo en esos años otros intentos menores de sistematizar los telégrafos militares basados en el modelo del Teniente Coronel Hurtado, incluso otro Teniente Coronel del mismo apellido ideó un telégrafo portátil en 1829, que era prácticamente el mismo de las líneas de Cádiz en 1805 y, quizá, tiene alguna relación con el que mencionaba la Gaceta de Madrid en 1800.