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¿Sabes tú que fue de... ?  ¿Conoces el paradero... ?  ¿Donde está...?
                  
Preguntas  habituales que suelen formularse en los encuentros entre compañeros, interesándose por
aquellos que lo fueron, y que el  transcurrir del tiempo, difuminó.

De tarde en tarde aparece algúna carta, algún testimonio gráfico de tiempos pasados con nombres y rostros que, en su momento, fueron una parte habitual de nuestras vidas y que ahora dificilmente podemos recordar.

Esta sección intenta ayudar a todo aquel que entre en ella a encontrar esa parte de nuestra memoria individual que queremos recuperar.

Como es habitual, instamos a todos los que quieran participar en este juego de memoria y reencuentro que envíen sus consultas o sus contestaciones a cualquiera de nuestros correos:

webmaster@amigosdeltelegrafo.es
amigosdeltelegrafo@gmail.com
asoc.telegrafistas@gmail.com
asoc_telegrafistas@yahoo.es

Os esperamos

Nuestro compañero de Huelva, Juan José Mª Martínez Domínguez, colaborador habitual y responsable de que esta sección salga a la luz, nos remite la siguiente petición:

"En una búsqueda ocasional, me apareció de forma fortuita y en una página perdida, la foto que adjunto.

Está obtenida por un fotógrafo de Riaño o aledaños que capturaba imágenes de escenas singulares.
Esta trata del telegrafista sito en 1945. Rasgos jóvenes, pleno invierno, grandes nevadas en aquel
año y por la escena de confraternización con los números de la Guardia Civil, se entiende no debía
ser de inmediata incorporación.

¿Quién es? ...

¿Puede alguien darme razón del mismo ?...

Gracias
         
Juan José

email: estafeta45@hotmail.com"



Nuestro compañero Francisco Díez Alarcón dejó en el "Libro de Visitas" el pasado 13 de octubre la siguiente petición:

"A través de esta página, si algun/a compañero/a, se acuerda de mi apellido "Díez", Sala Aparatos de Alicante promoción año 1963/64, que conecte conmigo, me alegraría saber de ellos/as, pues al ser un centro de mucho ingreso/traslado en aquella época dorada del TELEGRAFO en ALICANTE, de gente joven que llegaba, los/as conocias y se iban a su pueblo de origen, y ya no volvías a saber nada más de ellos, aqui quedamos... Bomant, Llopis, Samper, Zafra, Chimo, Cazaña (fallecido), Bou (fallecido), "El Maño", Gregorio (fallecido recientemente), Blas ,Beto, Alcaraz (fallecido), tantos y tantos como eramos y poco a poco vamos desapareciendo, pero el recuerdo queda en nuestros corazones y nunca será borrado. Que buenos tiempos aquellos que nos ibamos a ver salir el sol a la orilla del mar con alguna que otra guitarra a la salida de la guardia de turno.

UN BESO
.

Francisco Díez Alarcón
email: paquitoda@gmail.com"

Nueva aportación de nuestro amigo Juan José Mª Martínez Domínguez




Por este nombre era conocido el entonces telegrafista de Castropol D. Ramón Alonso Trelles, hermano del Viejo Pancho y padre de Paquita y Amalia Trelles.

Me viene al pelo la página Se Busca, porque tenía el deseo de situar la foto y texto que muestro, tal como viene en Internet.

Fortuita fue visualizar esta imágen y algo me hizo reparar en ella sobre las demás, porque su correctísimo vestir: chaqueta impoluta, chaleco abrochado, corbata centrada y ajustada, camisa de cuello terso; su rasurado exquisito, cuidado bigote y porte de buen estar, no se correspondían con la boina calada hasta las cejas. Era peculiar; como si una persona embutida en un chaqué, calzara alpargatas.

Por el nombre y sobre todo por el apellido das Mentirolas, le supuse de origen gallego. Leí el texto que venía abajo y con sorpresa compruebo que era el telegrafista, por aquellos tiempos, de la localidad que cita. Claro, esto ya despertó más mi interés por la persona, puesto que pasaba de desconocido a compañero en el pasado.

Mientras contemplaba con más detalle la imagen, y sobre todo el calado de la boina que me fascinaba, mis soterrados sensores se empeñaban en advertirme de algo que yo, en mi obcecación ”boinil” no percibía. ¡ Por fin, caí en ello ! El primer apellido de D. Ramón de las Mentirolas, no se correspondía con el Alonso que figuraba al pié de foto…¿…? O sea que lo de las Mentirolas……… ¿era un apodo o mote? Como puede ser esto,……..¡¡El Jefe de Telégrafos, tachado de mentirosillo!! Y además con titular identificativo sin reparo alguno.

La fascinación por la boina, desapareció de inmediato. Como mi sorpresa iba en aumento y con el deseo de que lo de Mentirolas pudiera tener otra connotación más bondadosa, contacté, con un gallego de la zona, quien me confirmó lo de “mentirosillo”. ¿Fué su quehacer personal o fué su ejecutoria profesional lo que motivó tal epíteto? ¿Conllevaba un rango de descrédito?

                                                            …oooOooo…

Bueno, pues hasta aquí llega la parte que afecta a la página Se Busca, dado que en ella iba a situar la fotografía. El desenlace de esta historia y otra aledaña, habrá que buscarla en la página de Anecdotario o Recuerdos Telegráficos. Depende del Webmaster, que lo advertirá.

Juan José de
Ayamonte

DON RAMON D'AS MENTIROLAS AL DESCUBIERTO

Ya anticipaba mi resistencia a admitir que el apelativo de das Mentirolas tuviera un matiz falaz y de ahí provino mi consulta a la localidad de este personaje. Así pues tomé un teléfono cualquiera de los que figuraban en el blog de dicha población para la traducción correcta de “mentirolas” y cuando hice referencia a que se trataba de un antiguo telegrafista, comienzan mis sorpresas al responderme desde el otro lado telefónico una persona totalmente desconocida que también era telegrafista, jubilada. ¡ Que casualidad!

Pues bien, descansando mi confianza en esta compañera y con la información que me facilitó, deduje que tal apelativo se correspondía al carácter socarrón y de buen carácter de don Ramón, con tendencia a distorsionar o tergiversar en sus conversaciones – de ahí lo de mentirolas- y la particularidad de su facilidad por la versificación que improvisaba de forma ágil, mediante pareados sobre situaciones informales de ámbito local.

Es una figura singular en el Castropol de la primera mitad de finales del XIX y primeras décadas del XX. Era su padre Francisco Alonso y Trelles, natural de la zona de Navia maestro en Ribadeo y casado con Vicenta Jarén, galega, aunque el apellido es toponímico asturiano de Tapia de Casariego.

En trazo rápido, esta es la definición que da de el un historiador de la localidad:

D. Ramón era un cronista que en mal verso, con mucha coña y buena puntería, reflejaba en menuda calderilla la vida del pueblo.”

Continúo con los comentarios del historiador:

He aquí alguno de sus ripios, que nunca escribía, tan solo producto de su improvisación


El garaje del Francés

“Si quieres que te lo diga
Cantando de lo diré,
Que la tienda del francés,
Es el arca de Noé.
Una mesa allí verás.
chía de cousas vellas:
Hay cartuchos, hay botellas,
pilas de Leclanché
y otras dos mil bagatelas”


Hay otros graciosos versos, lejanos de la poesía, pero llenos de humor para “el díxome, dixome” de inocentes tertulias.

También, la boda de Ramón Reguero y Luisa Murias:

En casa de don Vicente,/ hay luz y gente/ ¿qué habrá, qué habrá? / es la boda de Reguero/ con la balincova…” No sé seguir más.

Mal recuerdo también algún comentario a la polémica sobre el trazado del “Estratégico Ferrol-Gijón” que tanta tinta y mala uva hizo correr en el primer tercio del siglo XX. :

El ministro de Fomento / (Álvaro de Albornoz) que e fiyo nun sei de quén/ prometeuyeis a os d`a Veiga / que iría por ali el tren / Ben sabía este morral / que e l tren xa tía a sua merca / Lástima que tal animal / fose bautizado en Luarca /…..¡

El mismo don Ramón se reía de su casorio con Pepa. Solía fabular su propia historieta:

"Después que el catorce de abril llegó la República tranquila y sutil”. Oyó tocar las campanas a rebato. Se asomó al ventanuco de su estación telegráfica y, no por morse, sino por la algarabía callejera, se enteró de que el repique era laico y llamaba a descasarse. El telegrafista dejó abandonado el punto-raya, raya-punto y corrió hacia el juzgado para consumar su divorcio. Su porrazo fue morrocotudo, pues se encontró en las escaleras con Pepa que ya blandía con algazara el acta de la disolución del vínculo.

Tenía don Ramón un observatorio singular en un casetón rodante aparcado en La Punta. La roulotte probablemente se habría construido como centro de control para las obras de la carretera del muelle, años veinte del siglo veinte. Recuerdo vagamente, pero suficientemente preciso, al señor d`as Mentirolas, con gafas a media nariz, asomado sobre el portelo con algún diario en la mano, aunque, por aquellas calendas el informativo fuere de la antevíspera.

El narrador describe ahora una situación que se dio, con motivo de trasladar la Estación de Telégrafos a otro local

No quiero terminar este ligero comentario sin aludir a un artículo de José Rodríguez Fernández publicado en El Castropol. número 577, en el año 1921. Vivía la familia Alonso Trelles en la Boca del Pozo, límite con el fácilmente recuperable Banco d`os Marñeiros. Hubo de trasladarse al Cruzadero, ¿ciento cincuenta metros? No se puede contar un hecho tan insignificante e intrascendente en la vida de una familia y de un pueblo con tanta viveza y emotividad, que lo avocan al ridículo, pero el relato clava el significado de la figura del Mentirolas.

“Estaban todos. La noticia circuló rápidamente y no hubo uno que no quedase consternado.
Como llovía y soplaba viento fresco, estaban los botes amarrados y los guarecidos en el fielato, oían en silencio a Abraido el joven que leía con entusiasmo y emoción una voluminosa novela francesa. En este momento fue cuando llegó convulso y azarado el hijo del Montañés, contando lo que sucedía. Suspendió Abraido su lectura; sus oyentes se levantaron como si hubiesen sentido el contacto de una pila de Volta.

- Don Ramón nos deja, exclamó el pequeño Montañés. Está trasladando la oficina para una casa de La Plaza. Se trata de una imposición y es menester impedirlo. El no quiere… Debemos protegerlo. Si marcha Don Ramón de la Boca del Pozo, nos falta la mitad de la vida.
- Debemos ir allá todos, dijo Sanguín.
- ¡Caray! comentó Primote. Prefiero dejar el marisco y el contrabando antes que salga Don Ramón de donde está.

En efecto. Dejaron solo a Don Alvaro en su casilla y corrieron todos hacia el telégrafo. Les seguía jadeante, envuelto en su milenario jubón el viejo Abraido. Enterado de lo que ocurría casi lloraba:

-¡Ay! Que Don Ramón, que bueno es. ¿Quén me vay a dar ahora pitillos? Para que se irá. ¿Non taba ben donde tá?

También Burela tenía amargas quejas por este inesperado suceso y proponía a Legaspe el viejo unas medidas radicales:

-Si fora cando andábamos na falúa. Ahora somosche vellos, Burela. Sentir, séntoche muito a Don Ramón, pero nada che poido facer. Acabóuse a Boca do Pozo. ¡Quén che vai poder con estos gandulotes sin o respeto a Don Ramón!

Cuando los marineros llegaron al telégrafo pudieron confirmar la triste noticia. Allí estaban ultimando los detalles del traslado. Grandela y Francisquín. Don Ramón, sudoroso, pálido, disputaba con Doña Josefa:

- Hoy Chove muito, Pepa. Xa me cambiaréi mañá.
- Non, non, hoy mismo Esperache xa abondo
- ¡ Pero, Pepa!
- Ten que ser hoy, Ramón. Si non nunca te vas. Anda, Somoa, carga con eso.

El largo éxodo fue acompañado, además de todos os mariñeiros por don Benigno, secretario del juzgado, Márquez, el carcelero, las de don Jerónimo, las de Marignacia, Benjamín, Grandela, Gayol, y el pueblo entero consternado.
Merece la pena leer la crónica.
 
Queda pues demostrada la popularidad y cariño que despertaba este jefe de Telégrafos en su localidad de Castropol, por su buen carácter y la socarroneria que dio motivo al desenfado de este entrañable “das mentirolas”.

Como en el pié de foto de nuestro personaje, mencionaba a sus hijas y hermano, consulté a esta compañera por el paradero de los mismos, a fin de conseguir más datos, resultando que la última de sus hijas había fallecido años atrás con ciento tres de edad y su hermano el Viejo Pancho, no respondía a este nombre, sino que era el seudónimo de José Alonso Tréllez, emigrado a Uruguay con diecisiete años, donde llegó a ser una persona conocida y respetada como ferviente defensor del localismo regional. Sus conocimientos y facilidad de palabra, lo hicieron imprescindible a la hora de los discursos, en todos los actos públicos.

En 1902 obtuvo la ciudadanía uruguaya, incorporándose a la vida política del país. En 1908 fue electo diputado por el Partido Nacional, dedicando su actividad parlamentaria, hasta 1911, a la defensa de los fueros municipales.

Profundo conocedor del espíritu humano, y conciliador por naturaleza, en muchas ocasiones llegó a mediar en las disputas entre el Partido Colorado y el suyo. Añado una foto del preclaro hermano de D. Ramón, para apreciar el parecido entre ambos.



Pues esto es lo que ha dado de si el calado de la boina, sin cuyo detalle tal foto y la historia de este antiguo compañero me hubieran pasado desapercibidas.
 
Juan José de Ayamonte